Lo que nunca se cuenta antes de automatizar un almacén

información necesitan los fabricantes e integradores

En el sector logístico, solemos pensar que la decisión de automatizar un almacén se basa únicamente en elegir la tecnología adecuada: transportadores, robots móviles, sistemas de clasificación, estaciones de preparación “goods to person”, almacenes verticales o brazos colaborativos. Sin embargo, la clave que determina el éxito real de un proyecto no está en la “máquina”, sino en la información que se comparte antes de diseñar la solución.

Fabricantes e integradores no trabajan únicamente con planos, catálogos o configuradores técnicos. Lo que realmente necesitan es comprender la lógica operativa del almacén, el comportamiento de la demanda, las restricciones físicas del entorno y el rol que las personas juegan en el proceso. La automatización no sustituye una mala organización previa; simplemente la hace más visible.

En Gesproa Proyectos lo vemos constantemente: dos almacenes que aparentemente son iguales pueden requerir soluciones completamente distintas porque sus procesos, ritmos y prioridades no son los mismos.

El punto de partida: conocer los flujos reales

Antes de hablar de transportadores, robótica o sistemas de almacenamiento, es imprescindible analizar cómo se mueve realmente la mercancía dentro del almacén:
– Qué productos entran.
– Qué operaciones intermedias se realizan.
– Qué pedidos salen y con qué variabilidad.
– En qué momentos se concentran los picos y tensiones del sistema.

No se trata solo de contar cajas. Se trata de entender el carácter del flujo, detectar cuellos de botella, analizar recorridos que no aportan valor y visualizar dónde se genera el mayor esfuerzo humano. Un sistema automático solo es eficiente cuando su diseño responde a estos patrones, no cuando intenta imponerlos.

La importancia de los datos: volumen, rotación y variabilidad

Los fabricantes y los integradores necesitan cifras concretas, actualizadas y verificables:
– Número de referencias y su clasificación por rotación.
– Unidades por pedido y por línea.
– Capacidad de almacenamiento existente y proyectada.
– Volumen diario y estacional.
– Proporción de pedidos urgentes o críticos.

Este tipo de información define la estructura y el dimensionamiento de la solución. No basta con diseñar un sistema para el “promedio”: la logística vive en los picos, en los lunes tras fin de semana, en los meses de campaña o en las ventanas de corte de transporte. Una solución eficiente es la que permite absorber esa variabilidad sin perder control ni trazabilidad.

Limitaciones físicas y condicionantes reales

La automatización se despliega en entornos físicos que ya existen: edificios, alturas útiles, espacios de maniobra, muelles, columnas, trazados y restricciones estructurales. No hay ingeniería más real que la que empieza por lo que no se puede cambiar.

Aquí es donde muchas propuestas fallan: se diseña pensando en un almacén ideal, no en el almacén que existe. La clave está en adaptar la tecnología al contexto, no al revés.

Tecnología sí, pero con integración inteligente

La automatización nunca trabaja sola. Se apoya en:
– ERP
– WMS / SGA
– Sistemas de control de planta (PLC/SCADA/MES)
– Políticas de trazabilidad y cumplimiento normativo

Cuando no se analiza desde el inicio la integración entre sistemas, los problemas no aparecen en el diseño… aparecen en el arranque. Ahí es cuando cada minuto cuesta dinero y reputación.

Por eso fabricantes e integradores necesitan saber qué datos se generan, quién los valida, cómo se comunican y en qué formato viajan. La calidad de la integración digital es la diferencia entre un sistema automático que aporta información y otro que solo mueve cajas.

Las personas como eje del rendimiento

Finalmente, no podemos olvidar a quienes van a trabajar con la solución: los equipos. Su nivel de formación, experiencia, autonomía y capacidad de adaptación condicionan el diseño del puesto, la interfaz de usuario, el tiempo de implantación y el éxito de la adopción.

La tecnología es automática; la operación no.

Automatizar no consiste en instalar máquinas. Automatizar es comprender, estructurar y optimizar un proceso para después escalarlo con tecnología. Sin información clara, los proyectos se vuelven caros, lentos y poco sostenibles. Con una definición funcional sólida desde el inicio, la tecnología fluye, los equipos se adaptan y el sistema trabaja como debe.

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